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Obsesión por un libro




Estimado amigo:

Esta vez quiero contarte una anécdota que me sucedió al buscar un libro por internet. No me refiero a los libros digitales, sino a buscar un libro en los portales de las librerías.


¿Recuerdas que en mi última carta te conté que estaba interesado en adquirir libros sobre correspondencia epistolar?  Pues en mi búsqueda encontré un libro titulado Entre sabios. Joaquín García Icazbalceta y Henry Harrise. Epistolarío, 1865-1878, editado por la Secretaria de Cultura y el INAH. Llamó mucho mi atención al tratarse de la correspondencia del un bibliófilo muy importante del siglo XIX.

Al saber que el libro que buscaba fue editado en 2016, dudé encontrarlo en librerías de viejo, así que me puse a buscarlo en internet.

Durante la búsqueda encontré una reseña de la presentación del libro que despertó aún más el interés por adquirirlo. (reseña)

Sabía que fue editado por la Secretaría de Cultura, busqué en el portal de la librería Educal –que por cierto es muy lento-,  y nada; busqué en el portal de Tienda INAH, y por increíble que parezca, no hallé la forma de adquirirlo ni saber si aún tenían existencias, lo único que encontré fueron datos generales: costo, número de páginas, formato, los compiladores, etc.

Seguí con la búsqueda, ahora en el portal de Fondo de Cultura Económica, me sentí afortunado porque según el portal sí lo tenían, pero la compra sólo se podía hacer a través de internet. No lo quise hacer porque mi ansiedad por adquirirlo no me permitía ser paciente y esperar a que me llegará a casa dentro de no sé cuántos días. Al saber que el FCE sí lo tenía, por lo menos a la venta en su tienda virtual, me dio un poco de esperanza y hablé a la librería que me quedaba más cerca, pero estaba agotado en esa tienda; lo peor es no me podían ayudar a saber si lo tenían en otra sucursal, así que tuve que hablar a prácticamente ¡todas las sucursales! Así mi obsesión por los libros, amigo.

Aunque no tenía caso buscarlo en el portal de Porrúa, Gandhi o el Sótano, quise agotar la posibilidad, pero nada. Los busqué en Mercado libre y claro que lo tenían,  pero a un costo muy elevado para mi cartera, ¡casi tres veces arriba! No me podía dar ese lujo.

Tú bien sabes, amigo, que cuando un libro se me mete a la cabeza, hasta no tenerlo me quedo tranquilo. Con la esperanza de que me contestara un empleado amable e interesado por ayudar a los clientes –cosa rara-; llamé por teléfono a una de las sucursales de Educal, di los datos del libro y casi de inmediato me dijeron que sí lo tenían. ¡Me llené de alegría! Y ahí me tienes, corriendo lo antes posible hacia la librería, no sea que me lo fueran a ganar.

Así mi ansiosa aventura al comprar un libro. Ahora que termine la lectura te cuento a detalle el contenido.

Hasta pronto, amigo.


Atte. El bibliómano